Debido a lo que les conté, está de más expresarles mis ganas de que la cena sea original y llamativa. Él no es una persona común, es extravagante y luminoso y valora aquellas cosas que parecen haber sido pensadas especialmente para él. Mariano es observador ante los detalles de los demás y adjudica un enorme valor a que la gente sea atenta. Así como le gusta que lo llamen por su apodo para sentirse reconocido en su autenticidad, disfruta enormemente cuando considera que han pensado especialmente en él. La cita que quiero darle debe ser de la misma manera, por lo tanto diseñé la siguiente estrategia: hacer todo a lo grande, desde la invitación misma hasta el restaurant donde cenaremos. Jugar con lo excéntrico y lo erótico a la vez. Mariano es un hombre extrovertido, al que le gusta mostrarse y no siente pudor ante la seducción, ni timidez al sentirse en el centro de la escena. Muy por el contrario, es lo que más valora en un mensaje dirigido a él.
Táctica: La invitación tiene que ser algo escandaloso, que haga ruido porque a él no le gusta pasar desapercibido. Mariano considera que hacer las cosas a lo grande repercute en resultados grandiosos, considera que no hay que ser medido ni demasiado cauteloso, que una gran apuesta es sinónimo de éxito asegurado. Cuanta más gente haya alrededor al momento de hacer la propuesta, mejor, por lo que se me ocurrió que sea a la salida de la función del viernes. Voy a pedir permiso al Gobierno de la Ciudad para que cierren un carril de la avenida Corrientes por tan solo 15 minutos. Un ómnibus con vidrios polarizados, y todo pintado de negro va a estacionar justo en la puerta del teatro, por unos segundos nadie descenderá, de pronto la música (New York, New York, por Liza Minelli) comenzará a sonar muy fuerte, un grupo de bailarines bajará siguiendo una coreografía y otro grupo aparecerá desde las esquinas y entre el público. Los trajes serán muy coloridos y llamativos, uno de los bailarines tomará a Maro por la mano y lo llevará al centro de la escena. Al finalizar la coreografía, en el ómnibus se encenderá una pantalla que emitirá un mensaje: “Maro, dame la oportunidad de enamorarte”. Dirección y horario de la cita y por último mi nombre. Terminado el mensaje, los bailarines se subirán nuevamente al transporte, que ya con la música y las luces en off emprenderá la retirada, dejando a su alrededor el bullicio de los comentarios de todos los presentes.
El lugar a donde quiero llevar a cenar a Mariano lo tengo decidido hace mucho tiempo: “Limashi”. Este restaurante queda en Las Cañitas y creo que es el lugar justo para Mariano, porque es elegante pero excéntrico a la vez. Hacen cocina fusión japonesa y peruana. Aquí uno llega y es atendido por una elegante mujer de cabello negro recogido en un peinado “banana” con un vestido negro al cuerpo hasta los pies. Ella te conduce hacia una recepción en donde uno espera unos minutos para entrar y ocupar su mesa. Y ahí es cuando todo comienza a ser “anormal”. La sala de espera es un bello cuarto de color rojo donde no hay sillas, simplemente uno se debe quedar parado, con una copa de vino (blanco o tinto según prefieras), y esto se debe a que el lugar te “invita” a interactuar. No importa si estás solo o acompañado, la idea es que uno no se quede “en el molde” y, en el caso de ser dos personas, la situación no deja lugar al silencio aunque sólo sea por lo novedad de lo ocurrido. Luego de esperar 15 o 20 minutos aproximadamente, uno pasa a ocupar su lugar. Cuando las reservas se hacen para dos personas, una pareja (o intento de ella en mi caso), las mesas reservadas son particulares, a primera vista lo que uno ve es similar a la forma ovalada de un huevo grande color rojo. A medida que uno se va acercando, el “huevo” se abre como una capsula dejando ver una mesa en el medio y asientos a los costados, con todo el interior de color negro. Lo innovador de este lugar es que realmente sentís la privacidad y la intimidad dentro de esa pequeña estructura.
En cuanto a la comida, no estoy segura de sus gustos culinarios, pero creo haber leído en una nota del diario Crónica que era fanático del sushi y el champagne. Por eso, pediremos de entrada un combinado de sushi de 45 piezas como entrada (con sashimi, geishas, rolls, makis y niguiris) y un ceviche con palta y maracuyá como plato principal. Por supuesto, como es una ocasión especial, no hay que escatimar con la bebida: el mejor Dom Pérignon que tengan (a ver si lo sorprendo, que está acostumbrado a tomar Chandon a la salida de las funciones). De hecho, tengo entendido que hay en el restó un especialista en vinos que te aconseja a la hora de la elección, así que nos podrá ayudar en el caso de que quisiéramos tomar un vino blanco o tinto. De postre, podría ser una degustación de postres.
Al salir del restaurante, podríamos ir a ver un show de stand up de temática erótica que dan en un bar de Palermo. Tiene capacidad para 200 personas y suele ir gente de la farándula porque es el show del momento. El bar tiene la característica de servir tragos afrodisíacos y su show de stand up se distingue por interactuar mucho más con el público –no hacen meros monólogos-. Creo que ese sería el lugar ideal para preparar el terreno por si él decide invitarme a su casa.
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